Cada niña, niño y adolescente merece crecer en un entorno donde se sienta seguro, amado y protegido. Sin embargo, hay momentos en los que, por diversas razones, deben ser separados de su familia biológica para resguardar su bienestar. En estos momentos de incertidumbre, las familias de acogida se convierten en un refugio, ofreciendo amor y estabilidad a quienes más lo necesitan.

El acogimiento familiar no solo evita el trauma de una separación abrupta, sino que también brinda la oportunidad de sanar, crecer y seguir adelante en un ambiente lleno de cariño. La ausencia de este tipo de cuidado puede provocar la llamada “crisis del migrante”, una serie de síntomas emocionales y físicos, como ansiedad y problemas de alimentación, que afectan profundamente a quienes son alejados de su entorno de manera repentina. Contar con familias acreditadas permite amortiguar este impacto y garantizar que cada niña y niño reciba la atención y el afecto necesarios.

Pero este proceso no solo transforma la vida de quienes son acogidos; también da esperanza a las familias de origen. La reintegración familiar es un camino de esfuerzo y aprendizaje en el que madres y padres logran fortalecer sus habilidades de crianza y brindar un entorno seguro a sus hijos. Un testimonio inspirador es el de una madre que, después de cuatro años de compromiso y trabajo constante, logró reunirse con sus dos hijas, demostrando que con el acompañamiento adecuado es posible reconstruir la familia.

Para hacer de esta labor un compromiso compartido, se ha puesto en marcha el Plan Estratégico de Descentralización, una iniciativa que reúne a líderes comunitarios y representantes de distintas instituciones, como la Procuraduría General de la Nación, municipalidades, gobernaciones, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura y Deportes. Este esfuerzo busca promover el acogimiento familiar en los 22 departamentos de Guatemala, creando espacios de diálogo y generando compromisos para actuar a favor de la niñez en protección. Además, estas alianzas permiten que cada institución se convierta en vocera del programa, motivando a más familias a sumarse a esta noble causa.

El desafío más grande llega en el momento de la reintegración. Volver con su familia de origen es un proceso cargado de emociones para cada niña y niño, pero con el acompañamiento adecuado, es posible garantizar que este retorno sea seguro y positivo. La clave está en el trabajo interinstitucional, en la creación de redes de apoyo y en decisiones tomadas siempre con base en el interés superior de la niñez.

Acompañar con amor y sin ningún interés personal la restitución de derechos de quienes han sido puestos en medidas de protección es una labor que deja huellas imborrables. Abrir las puertas del hogar a quienes más lo necesitan es más que un acto de solidaridad: es convertirse en un pilar de apoyo en un momento crucial de sus vidas.

Cada familia que decide acoger brinda más que un techo; ofrece amor, confianza y esperanza. Y cada niña y niño que recibe esta oportunidad puede volver a sonreír, soñar y sentirse protegido. Si alguna vez has sentido el deseo de hacer una diferencia, este es el momento. Porque no hay mayor regalo que ser el refugio donde una historia comienza a sanar.


Texto: Comunicación Social
Fotografías: SBS