A veces, la vida da giros inesperados. Algunos de esos giros pueden parecer obstáculos imposibles de superar, pero con el apoyo adecuado, pueden convertirse en oportunidades para crecer, aprender y soñar con un futuro distinto. En Casa Joven, decenas de adolescentes han encontrado no solo un espacio de educación y acompañamiento, sino también un refugio donde han construido nuevas metas y han descubierto que su historia no tiene que estar escrita en piedra.

Ashley Pérez llegó a Casa Joven Mixco tras una difícil situación familiar. No imaginaba entonces que aquel lugar, al que llegó a través de un juzgado, se convertiría en el escenario donde alcanzaría metas que antes parecían inalcanzables. “Cuando vine, pude encontrar apoyo psicológico, emocional y educativo. En 2022 comencé primero básico y ya estoy en quinto bachillerato. El impacto en mi vida ha sido bastante grande, logré muchas metas que no pensé en cumplir y realmente cambió para bien mi vida”.

Como ella, Víctor Hernández comenzó su camino en Casa Joven Mixco en 2016. Al principio, solo asistía a sesiones de apoyo psicológico, pero poco a poco se fue integrando más hasta formar parte del programa educativo. “Comencé con las dos primeras etapas de básico y en este momento me encuentro en quinto bachillerato. Durante estos años me he sentido muy cómodo con el trato que dan en Casa Joven, con toda la interacción de los maestros, los alumnos, y sinceramente siento que es un programa que vale mucho la pena”.

Pero Casa Joven es mucho más que educación. Para muchos, ha significado descubrir un propósito, encontrar seguridad y, sobre todo, recuperar la confianza en sí mismos. Katherine González lo dice con claridad: “Yo no tenía deseos de superación, no tenía anhelos de lograr algo más en la vida y quedarme donde estaba. Pero el impacto que Casa Joven causó en mí es enorme: ahora quiero superarme, enseñar a los niños y trabajar con más jóvenes en el futuro. Me siento feliz y segura, porque encontré lo que buscaba: amor, compañeros, maestras que me han enseñado bien. Todo me ha mostrado lo que significa tener un anhelo de superación”.

Reyna Sánchez, de Casa Joven Amatitlán, también encontró en este programa el impulso para salir de su zona de confort. Al principio, solo buscaba apoyo psicológico, pero terminó descubriendo un espacio donde se sintió escuchada, comprendida y motivada a continuar sus estudios. “Antes yo no era muy comunicativa, ahora me gusta más expresarme. Estoy cursando quinto bachillerato en ciencias y letras y recomiendo venir aquí porque este es un lugar tranquilo, donde comprenden a los niños y también los ayudan en los estudios. No todos tenemos las posibilidades de estar en un colegio, pero en Casa Joven encontramos esa oportunidad”.

Sus historias son testimonio vivo de que cuando se abren puertas, las oportunidades florecen. Casa Joven es un lugar donde los adolescentes pueden encontrar un camino diferente, donde su pasado no define su futuro y donde cada esfuerzo cuenta para transformar sus vidas.

Texto: Cecilia García
Fotografías: Luis Sajché y Cecilia García